GENERAL JORGE BESSIÈRES

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GENERAL JORGE BESSIÈRES

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        Historia

        Poco se ha investigado sobre la figura de Jorge Bessières, siendo el artículo de Quirós Rosado el principal estudio hallado al respecto [1] junto con los resultados de búsquedas en bases de datos biográficas y de registros de autoridades.
        Aunque se sabe poco sobre su infancia y juventud, George Bessières y Guillon nace en Siran, una pequeña localidad occitana de la región de Hérault (Francia), en el seno de una familia campesina en torno a 1780-1781. De su actividad previa a 1808 solo sabemos que consiguió librarse del servicio militar en la Francia napoleónica en el sorteo realizado en la quinta de 1804.
        En 1808 se encuentra en Perpignan y en la primavera de ese año parte hacia Barcelona. Algunas teorías apuntan que llega a Barcelona dentro del cuerpo del ejército francés que quedará como guarnición de la Ciudad Condal, siguiendo la estrategia diseñada por Napoleón. Otras hipótesis apuntan que no llegó a Barcelona como soldado, sino como civil.
        En cualquier caso, Bessières se casa en Barcelona con una joven procedente de Montpellier y, a la vez, consigue trabajar por un breve lapso de tiempo como cochero para el general Duhesne. Posteriormente trabajará en una fábrica perteneciente al banquero Remisa y como tintorero en la empresa de su suegro.
        Cuando estalla la Guerra de la Independencia trabaja como traductor para Duhesne pero, sin haber aun una explicación clara, en 1810 mata a su capitán y pasa a las guerrillas españolas en el área catalana como oficial. Poco se sabe de estos primeros momentos en el bando español, pero sabemos que participó en el sitio de Tarragona contra los franceses, que fue ascendido a Capitán de los Voluntarios Extranjeros al servicio de la Regencia gaditana y que consiguió adquirir una considerable notoriedad militar.
        Bessières pretenderá volver a cambiar de bando, pero fue descubierto, encarcelado y procesado en el castillo mallorquín de San Carlos donde permanecerá desde 1812 hasta 1815. El procesamiento se saldará con la licencia absoluta y con su despido como Capitán de los Voluntarios Extranjeros.
        Tras permanecer escaso tiempo en Francia, reaparece en España entre el verano de 1815 y la primavera de 1817 trabajando para una tintorería de Mallorca, otra en Puigcerdá y finalmente otra en Ripoll. En estos ambientes entrará en contacto con la incipiente clase obrera, impregnándose de una ideología de carácter revolucionario que le supondría el apoyo de ciertos grupos que se oponían al restablecimiento del reinado absolutista de Fernando VII.
        La represión del régimen hace que Bessières tome parte de las actividades conspirativas relacionadas con el alzamiento militar liberal de los generales Lacy y Miláns del Bosch en 1817. Su implicación en el alzamiento liberal hizo que, ya en el primer año del Trienio Liberal, se le otorgara el puesto de Capitán de las Milicias de la Ley en Barcelona. Desde este puesto iniciará la fallida trama republicana de 1821 en Barcelona lo que le valdrá volver a ser encarcelado, esta vez en la Ciudad Condal.
        Su enjuiciamiento posterior acaba con pena de muerte por fusilamiento, aunque conseguirá en el último momento evitar la ejecución y sustituir dicha pena por una reclusión en la fortaleza de Figueras. No queda claro si escapa de Figueras o si fue puesto en libertad y obligado a abandonar España, pero lo que sí sabemos es que regresa nuevamente a Francia y que, durante esta nueva etapa en su país natal, entra en contacto con la resistencia absolutista española en el exilio y vira hacia el realismo.
        Buscará que esta resistencia le conceda medios con el fin de crear una guerrilla pirenaica para luchar contra el gobierno liberal español. Cuando lo logra, toma Puigcerdá, pero las desconfianzas que generaba en el bando absolutista le impidieron consolidarse en el territorio.
        Se conoce muy poco de lo que le ocurre hasta la llegada del invierno de 1822, pero las guerrillas existentes en la zona del valle medio del Ebro y del Priorato de Tarragona le dio la oportunidad de convertirse en uno de los principales líderes del bando absolutista en el conflicto. A comienzos de 1822, Bessières toma Mequinenza, punto estratégico en el avance realista, aunque será reconquistada por los liberales debido a la deserción del general Badallo, quien pasa del bando realista al liberal. Bessières recuperará el control de Mequinenza, lo que le implicó su ascenso a brigadier y comandante general de las tropas absolutistas del Bajo Aragón, la jefatura en Mequinenza y su cantón así como su condición de mariscal de Campo.
        Tras el éxito de Mequinenza avanza con éxito hacia el sur a comienzos de 1823, llegando el 24 de enero de 1823 a las inmediaciones de Brihuega donde se produce un importante triunfo a favor de Bessières. La derrota liberal trajo como consecuencia la fortificación de Madrid y la reunión en sus áreas cercanas de tropas y demás efectivos militares. No obstante, Bessières avanzará hacia Madrid sin intentar entrar en la villa. Se dirigirá, en cambio, hacia el Tajo llegando a Huete el 10 de febrero para, finalmente, recalar en la sierra que separa Cuenca de Teruel.
        La materialización a comienzos de abril de los Cien Mil Hijos de San Luis, comandados por el duque de Angulema, contribuyó a la reorganización realista dirigida por Bessières, que había sido recientemente perjudicada con la toma de La Seo de Urgel por parte de los liberales liderados por Espoz y Mina. Con un ejército algo más anárquico, Bessières parte hacia Cuenca, Soria y Burgos y, con el objetivo de adelantarse a Angulema en la toma de Madrid, entra por la sierra madrileña tomando Somosierra y Buitrago el 17 de mayo. Sus acciones provocan la huida de muchos liberales de Madrid a Extremadura, quedando únicamente en la capital el teniente general Zayas.
        Cuando en Madrid se conoce la proximidad de Bessières y sus tropas, el día 19 de mayo se producen estallidos de violencia social en los barrios bajos de Madrid que apenas pudieron ser sofocadas por los liberales. El 20 de mayo Bessières llega a las afueras de Madrid e insta a Zayas a rendirse, el cual se niega, alegando que tenía pactado unas capitulaciones con el duque de Angulema, y ordena a sus efectivos que se ubiquen en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá, previendo que Bessières entrará a Madrid por esa vía.
        Aunque Bessières llega a apoderarse de la puerta de Alcalá y las verjas del Retiro, ahí se librará una batalla entre liberales y absolutistas en la que Bessières pierde teniendo que huir hacia alguna población cercana a Madrid. Los liberales, tras su triunfo en Madrid, inician una dura represión en el Paseo del Prado que acelera la intervención del duque de Angulema en Madrid durante los días 22, 23 y 24 de mayo.
        A finales de mayo y en la primera mitad de junio, Bessières vuelve a aparecer por Madrid y, concretamente el 28 de mayo, se justifica mediante un oficio reservado dirigido a la Regencia realista que ya estaba asentada en Madrid. Esta postura la vuelve a reforzar el 6 de junio, cuando publica su “Manifiesto que hace à la Nación Española el Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos D. Jorge Bessières” en junio de 1823, donde defiende sus posturas y sus actuaciones.
        La Regencia decide poner una división a Bessières y, a mediados de junio, sofoca los últimos conatos liberales de Cuenca y La Mancha ya que, por estas zonas, no pasaron los Cien Mil Hijos de San Luis. Cuenca cae en torno al 5 y 6 de junio sin grandes complicaciones, pero la toma completa y efectiva de Albacete se hizo mucho más complicada y no finalizó hasta finales de septiembre.
        Es en estos momentos en los que está terminando de reprimir los últimos focos liberales manchegos, cuando Bessières trata de obtener de Palacio ciertos favores como pago por sus servicios militares a favor de Fernando VII. Estos favores se traducirán en la legitimación de los títulos, prebendas y cargos otorgados durante la guerra contra los liberales (reconocimiento poco frecuente en la tradición fernandina).
        La fama adquirida por Bessières no solo le hicieron ser un personaje popular, sino también temido que adquirió un gran conocimiento sobre el funcionamiento de la sociedad y la política españolas, especialmente con la represión de grupos comuneros y francmasones que desplegó en sus campañas conquenses y manchegas.
        A mediados de 1824 ya figuraba como un personaje asociado al ala más radical de los realistas, planteando la necesidad de obligar a Fernando VII a cambiar de política o de proclamar a Don Carlos en su lugar. Este posicionamiento le valdrá que muchos vean en Bessières a uno de los primeros carlistas.
        El ultrarrealismo escogió como líder visible de la trama conspirativa contra Fernando VII a Bessières y deciden organizarse en juntas apostólicas, esto es, grupos de cierta semiautonomía (la mayoría radicados en Madrid) que tendrían como objetivos, por un lado, acabar con el gobierno de Zea Bermúdez y, por otro lado, generar el nuevo gobierno que lo sustituiría.
        Esta trama fue seguida por el gobierno de Zea Bermúdez gracias a las filtraciones de información de varios implicados de la conspiración. Sin embargo, la estrategia a seguir fue, por una parte, no frenar el golpe que las juntas apostólicas tenían previsto para el verano de 1825 y, por otro, intentar cambiar de puestos a los ultrarrealistas. Así, Bessières fue nombrado Comandante General y Subinspector de los Voluntarios Realistas de la provincia de Cuenca, pero éste hizo todo lo posible por retrasar la posesión alegando causas médicas. En julio de 1825 recibirá la Cruz Laureada de San Fernando.
        El alzamiento de Bessières se inicia, primero en Getafe para luego trasladarse a Brihuega entre el 15 y el 16 de agosto de 1825. Fernando VII, en esos momentos en La Granja de San Ildefonso, decidió castigar a los sublevados mediante las condenas estipuladas en el Real Decreto de 17 de agosto de 1825 y mediante el envío de tropas armadas a cuyo frente se encontraba los mariscales Vicente Osorio y Carlos Sexti.
        El éxito fernandino hizo que Bessières y sus compañeros se entregasen al alcalde mayor de Torrubia en la tarde del 20 de agosto antes de ser apresados por las tropas mandadas por Fernando VII desde Madrid. Sin embargo, intentarían por última vez volver a alzarse sin éxito el 21 de agosto al retirarse a los pinares de Cuenca, pero se rendirían el 23 de agosto en Zafrilla.
        Bessières es trasladado al cuartel general de Molina de Aragón y se le retiran todos sus oficios y honores por traidor. A las ocho y media de la mañana del 26 de agosto de 1825, Jorge Bessières es fusilado.
        Tras su muerte, su figura se convirtió en una especie de icono, por lo menos durante la primera década siguiente. Así, será considerado todo un héroe por parte de su familia (no debemos olvidar que, a pesar de que no sepamos mucho de sus hijos, Luis Bessières y Portas y Juan Bessières y Portas siguieron la carrera militar de su padre y llegaron a acceder a altas dignidades castrenses) y de los ultrarrealistas. Por el contrario, será visto como todo un traidor por parte de los opositores a toda esta trama, siendo una figura que representarán autores como Benito Pérez-Galdós o Pío Baroja bajo un manto carente de escrúpulos.

        [1]: Quirós Rosado, Roberto, “El mariscal Jorge Bessières (1780-1825), vida de un aventurero en la España de Fernando VII”, Revista de historia militar, Nº 102 (2007): 97-138

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